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Estudiar música, para volar y tener los pies sobre la tierra

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Antonella es una joven de Las Rosas que cursa quinto año en el colegio Dante Alighieri. Como la gran mayoría de los jóvenes el final del colegio secundario trae una catarata de emociones vinculadas al cierre de una etapa importantísima, con viaje de egresados, graduación y la que pareciera ser una de las decisiones más importantes de la vida: ¿Qué hacer al finalizar la escuela?

Anto dice que prácticamente había descartado la posibilidad de estudiar y que en su cabeza la cuestión estaba mucho más cerca de ponerse directamente a trabajar en lugar de buscar una opción académica. Sin embargo, la música la acompañaba diariamente y en algún rincón de su corazón, la idea de estudiar producción musical y composición se sentaba con ella junto al piano cuando se ponía a tocar imaginándose en algún escenario o estudio de grabación.

Como en todas las historias que se relacionan con el programa Sembrando Futuros, una vez más la semilla estaba ahí, solo había que preparar el terreno fértil y las condiciones propicias para que crezca fuerte y sana.

En su colegio hubo un importante trabajo realizado entre los docentes y alumnos de quinto año para ayudarlos a conocer opciones de estudio para buscar su vocación y en el caso de Antonella, a ella le salía siempre para el lado de la Música. De repente la idea empezó a gestarse un poco más. ¿Y si estudio en vez de trabajar?

Cuando Antonella lo comentaba en su hogar, encontraba apoyo de sus padres, pero como suele suceder en los casos de una carrera vinculada al arte, el temor llega de la mano con un futuro que a veces cuesta mucho visualizar en términos artísticos. Inevitablemente uno imagina que uno de muchísimos “la pega” y eso genera mucha incertidumbre en su familia, y por supuesto, en ella también.

Un día en la escuela, la profesora Noelia les dijo que existía un programa de “Mentoría” en Las Rosas que había llegado de la mano del programa Sembrando Futuros de Global Communities Argentina. A ella el nombre le sonó familiar por haber visto alguna publicación o invitación a eventos en las redes sociales: “Lo primero que pensé es que esto le servía a otra persona que por ahí no sabía bien que estudiar, pero finalmente salí elegida para participar y decidí seguir adelante”.

El programa de Mentoría se desarrolla en la localidad desde el año 2020 con surgimiento en plena pandemia. La idea es que un voluntario de John Deere pueda entablar una relación del tipo tutoría para poder acompañar a los alumnos de 5 año de los colegios secundarios en el difícil camino de la elección de una carrera y al mismo tiempo fomentar la importancia de seguir una carrera al finalizar la secundaria.


El Mentor

Hugo Romegialli nació en Cañada de Gómez y desde hace 18 años que trabaja en PLA y por ende vive en Las Rosas con toda su familia. Tiene una hija de 29 años, otra de 26 y el menor de 16. Además es abuelo de dos nietos, uno de 5 y otro de 2 años y medio. Hugo se anotó como voluntario en Mentoría en 2020 con el comienzo del programa y este año va por su tercer acompañamiento.

Me metí en este programa por una cuestión de curiosidad, de conocer este tipo de trabajo que tiene John Deere, y creo que está bárbaro lo que hacen, está muy bueno trabajar con la juventud de la ciudad donde está asentada la fábrica

Las palabras de Hugo suenan simples y sinceras, esas que tienen las personas que le dan mucho valor a las cosas; esas personas que nacieron en un lugar, pero la vida los llevó a otro lado, un lugar en donde se siente parte de una empresa, de una familia y de una ciudad que termina eligiendo por adopción. Quizás desde ese lugar nacen sus ganas de guiar, y de devolver a la comunidad un poco de todo lo bueno que le han entregado a él. Por eso se siente tan cómodo ser parte del voluntariado de John Deere, porque entiende que la empresa en donde trabaja de alguna manera piensa lo mismo que él en términos de pertenencia.

Este año fue el que más disfruté el voluntariado, los anteriores tuvieron el contexto de la pandemia y los encuentros virtuales, y en este el trato personalizado y las reuniones cara a cara le dieron un condimento especial” cuenta Hugo antes de anticiparnos que además lo especial fue Antonella, “un ser tan especial que a veces no daban ganas de terminar las charlas

 

Los caminos se cruzaron

Antonella cuenta que cuando llegó a la primera reunión de Sembrando Futuros había un pizarrón en donde estaban las descripciones de distintos perfiles de personas como para que cada uno elija con quien compartía gustos y valores.

La verdad es que eso estuvo buenísimo, porque no estaban las fotos, uno como que iba eligiendo según lo que le parecía la persona y no por la cara, la profesión o el tipo de trabajo que tiene. Me acuerdo que me llamó la atención de uno que le gustaba la música de los 80 y los 90 como a mí y así fue como terminé eligiendo a Hugo como tutor

 

Hugo se siente responsable desde un lugar paternal como guía. Entiende por completo lo complicado que puede ser estos momentos de incertidumbre y quiere aportar desde su historia personal y su experiencia.

Mentoría para mí se trata de orientarlos en que la elección de estudiar venga por el lado de lo que realmente les gusta. Que la decisión sea la más correcta posible, sin forzarlos, sin que sea tu punto de vista, en eso se basaron siempre mis charlas con ellos

Hugo destaca que las charlas con Antonella eran de esas en las que uno no quiere que terminen y algo que le sorprendió de entrada, fue que ella estaba completamente segura de lo que quería estudiar. “Ella ama la música”. El trabajador del área de postventa de PLA cuenta que “de alguna manera al igual que lo hice en los años anteriores, traté de explicarle y contarle algunas cosas a Anto como lo hice con mis hijas. Yo siempre les dije que mi época era distinta. Yo aprendí y pude llegar adonde llegué sin estudios superiores, por mi experiencia de trabajo, pero en esos momentos no había internet, redes sociales y cosas que hoy existen y que son importantes. Nosotros por ahí todo lo teníamos que investigar y eso era importante como experiencia laboral. Hoy si bien eso sigue siendo importante, las empresas están buscando más bien profesionales recién recibidos o que estén estudiando para luego formarlos de la mejor manera posible para su empresa”.

Anto remarca que las charlas con Hugo le fueron dando seguridad, “por ahí me fui dando cuenta de eso, uno tiene todo a mano pero a veces realmente no investiga o tiene todo como en el aire. Realmente este programa como que me dio vuelta por completo, pero en términos positivos, me dio más seguridad y si, hoy sé que voy a ir a estudiar a composición musical en la Universidad Nacional de Rosario, que es una facultad muy buena” y como para mostrar que captó por completo por donde va la cosa, agrega rápidamente “no me interesa ser famosa, o exitosa. Con tal de poder hacer lo que me gusta creo que está bien”.

Cuando cada uno de los dos habla sobre el otro, se nota que realmente entre Hugo y Antonella se formó un vínculo, de esos sanos, colaborativos, constructivos y tan necesarios en esta etapa en la vida de una adolescente, y también de un adulto. Hugo remarca que se disfrutaba mucho cada encuentro y que más que pensar en algún aporte en particular, cree que de alguna manera lo que pudo brindar son algunas miradas que ella no tenía como el hecho de repensar el lugar en donde iba a estudiar.

Ella me dijo que tenía todo armado para irse a estudiar música en Buenos Aires y yo le dije: ¿vos sabes lo que es manejarse sola en Buenos Aires? Y de alguna manera le fui mostrando las ventajas que podría tener estudiando en Rosario, mucho más cerca de su familia, en una ciudad grande, pero más amistosa a la hora de moverse. A mí me encanta Buenos Aires, pero creo que es una de las ciudades más peligrosas si no la conoces”.

 

A veces las bases del programa de Mentoría son tan buenas, que las ramas terminan llegando a lugares insospechados. El programa consta de una la fase de networking, en donde mediante el trabajo del mentor se llega a un diálogo con un profesional vinculado a lo que en este caso la alumna quiere estudiar. Ahí fue como Antonella pudo hablar con un músico de Las Rosas y preguntar más cosas vinculadas al desarrollo de una carrera musical. Pero además, un día Hugo se enteró que casualmente un reconocido pianista iba a tocar en Las Rosas y en una noche que él justamente no podía ir, le insistió muchísimo a ella para que fuera, ya que estaba seguro que le iba a encantar. El detalle es que el músico era Alfredo Montoya, nacido en Cañada de Gómez y conocido de Hugo.

Antonella siguió el consejo de su mentor y vivió una experiencia inolvidable en un concierto de un pianista formidable a quien saludó al finalizar el show contándole que “vino de parte de Hugo Romegialli”, lo que automáticamente generó una charla adicional con alguien que sin lugar a dudas había tenido una enorme carrera musical.

Sin la presencia de Sembrando Futuros en Las Rosas, nada de esto hubiera pasado.

Cuando finalizó el programa de Mentoría, una de las actividades a realizar era un dibujo que de alguna manera grafique la experiencia que los alumnos tuvieron con su mentor. Antonella se dibujó en un cohete viajando por las estrellas y un hilito bien suelto que la une con el Planeta Tierra en donde se encuentra Hugo. Junto al dibujo se lee:

Vuelta a la tierra: Es importante tener los pies en la tierra, pero sin olvidarse de las estrellas. Eso es lo que me enseñó Hugo.

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