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Historia de Éxito: Las mejores estrellas nacen de un potrero
Published 02/09/2026 by Global Communities Argentina
La palabra “potrero” hace referencia en Argentina a canchas de fútbol que aparecen en muchísimos barrios populares del país. En estos lugares muchos chicos y chicas encuentran la posibilidad de correr, jugar y hacer deporte sin tener que pagar una cuota mensual en un club, algo que para muchas familias es prácticamente imposible.
En el potrero aparecen las primeras amistades, los primeros aprendizajes, los primeros sueños y los primeros gestos solidarios, como pasarle la pelota al más chiquito para que también pueda llenarse la garganta de gol y abrazarse con sus compañeros. El fútbol regala esas cosas para quien esté dispuesto a patear una pelota. De hecho, culturalmente en nuestro país, cuando un futbolista profesional parece está más preocupado por su look que por correr atrás de la pelota, se le dice “que le falta potrero”.
Hace muchos años en la zona sur de Rosario, un grupo de vecinos fue armando un barrio alrededor de una canchita de fútbol que terminó funcionando como una especie de patio para que jueguen los chicos. Tiempo después un desarrollo inmobiliario atentó contra ese potrero, y fueron los propios vecinos quienes salieron a defenderlo con uñas y dientes primero, y luego con papel y lápiz.
Salvador, vecino del lugar, cuenta que constituyeron una asociación civil, para poder anexar esa canchita de fútbol a un comedor que tenían en el barrio, dando nacimiento de esta manera a lo que hoy se conoce como “El Potrero de las 4 Villas”.

Las historias que rodean al Potrero hablan de un barrio con mucha unión, con vecinos que trabajan brindándose por el otro y con distintas generaciones que se suman a ayudar al comedor, a los talleres o a lo que sea necesario. Sheila, es voluntaria del comedor desde hace 7 años, porque le gusta ayudar más que nada a los chicos; Miguel comenzó a jugar a la pelota y aprovechar para comer una merienda, luego terminó participando de otros talleres y sumándose para ayudar en lo que pueda, o Luisana que hoy colabora como lo hicieron anteriormente su mamá y su abuela. Todos aprovechan el lugar y tratan de dejar algo suyo para que el mismo siga funcionando.
Global Communities Argentina llegó al “Potrero de las 4 Villas” en el marco del programa “Sembrando Futuros” que trabaja en el país gracias a su alianza con John Deere. Al ser una organización que ya contaba con un gran equipo de voluntarios y un comedor funcionando, se decidió apoyar con un aporte de frutas y verduras, que sumaba por un lado a la emergencia alimentaria y por el otro incorporaba un hábito saludable en el marco de una institución deportiva.
“Fue raro que apareciera una organización que encima tenía un nombre en inglés” cuenta Marianela, voluntaria e hija de Salvador, presidente del club, agregando que de todos modos “conocían a Nicolas (especialista en territorio de Global Communities), quien ya los había ayudado en otra ocasión, por lo cual no dudaron un segundo en aceptar el apoyo.
Como siempre en este tipo de casos, se realizaron distintas capacitaciones a los voluntarios del Potrero vinculadas a fortalecer la gestión del comedor y copa de leche, para que se logren generar nuevas alianzas que permitan la sostenibilidad de este espacio en el tiempo.

Una frase que siempre repetimos es que “las comunidades nos dicen que hacer” y así como a veces nos toca apuntalar los proyectos para que funcionen, otras veces luego de ser fortalecidos empiezan a crecer y a llegar a lugares adonde no pensábamos (ni soñábamos) en los diagnósticos previos.
“Acá hay un montón de chicos que no pueden darse el lujo de comer una fruta“
Marianela, voluntaria de “El Potrero de las 4 Villas”
En “El Potrero de las 4 villas” se dictan además de fútbol, talleres de costura, y de fotografía. Marianela cuenta que en el espacio “tenían unas computadoras, pero no sabíamos mucho cómo usarlas” y es de esta manera que lo que comenzó como un apoyo desde la nutrición y el alimento, encontró la necesidad de los vecinos que contaban con herramientas tecnológicas, pero no con el conocimiento para utilizarlas.
En “El Potrero de las 4 villas” se dictan además de fútbol, talleres de costura, y de fotografía. Marianela cuenta que en el espacio “tenían unas computadoras, pero no sabíamos mucho cómo usarlas” y es de esta manera que lo que comenzó como un apoyo desde la nutrición y el alimento, encontró la necesidad de los vecinos que contaban con herramientas tecnológicas, pero no con el conocimiento para utilizarlas.
Desde Global Communities se gestionaron una serie de capacitaciones en computación, aprovechando las máquinas existentes, las cuales primero fueron acondicionadas para que tengan un mejor funcionamiento gracias al aporte del NODO Tau, alianza consolidada por el Potrero. Marianela contó que, en el barrio, cada vez son más los vecinos que llegan a preguntar por trámites que tienen que hacer en internet, ya que por ejemplo, para acceder a descuentos en las facturas de servicios como luz, agua o gas, hay que inscribirse en un registro en forma digital. Gracias a esta capacitación en ciudadanía digital muchos vecinos entendieron como utilizar ese tipo de formularios de los portales de servicios, impuestos y bancos, pero además aprendieron a manejar herramientas como Word, Excell o Canva.

Miguel se mostró feliz de haber aprendido por ejemplo que “cuando no tenés Word o Excell hay programas gratuitos que podés utilizar con las mismas prestaciones. Esto estuvo buenísimo”.
“Yo aprendí cosas de computación y ahora les puedo enseñar a los otros, así aprenden también“
Miguel, participante del taller de Ciudadanía Digital en “El Potrero de las 4 Villas”
Las mejores estrellas nacen de un potrero. Los Lionel Messi, los Ángel Di María (ambos nacidos en Rosario) arrancaron así.
Detrás de ellos hay muchas otras estrellas que encontraron en una canchita un espacio de contención, de alimento, de diversión y de aprendizaje. Como Miguel que vino a “El Potrero de las 4 Villas” a buscar comida con su familia y tiempo después termina siendo el referente de computación de la institución y de prácticamente todo el barrio; como Marianela que sigue el camino de su papá empujando talleres y lo que fuera necesario para “su querido potrero”, como Luisana que repite la nobleza que tuvo su mamá y su abuela de ayudar como voluntaria o cómo Sheila que se unió hace 7 años solamente para ayudar a los más chicos.
Los potreros están llenos de historias como esta, y sin dudas los potreros están llenos de estrellas.